
lunes, 18 de julio de 2011
iluminación

lunes, 17 de enero de 2011
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. XI)

décima primera crónica
en la que los infiernos
se vuelven más personales
cada vez
décima primera crónica
desde que trascendí
el plano corpóreo
y en este estado etéreo
vago
luego de ver de cerca el miedo
y tener a lo innombrable tete a tete
he divagado por esta bizarra ciudad
en medio de la chusma universal
camuflado y alerta
descubrí los planes
secretos de mis compañeros
de viaje
y ahora voy a por
lo que el destino tiene para mí
muerto no muerto mero soñador
viajero sin puerto velero en ultramar
al punto más lejano del infierno
hacia los Campos Elíseos
que ellos marchen
hacia el Pandemonium
los Shogoths están listos
para el gran viaje
once crónicas y ahora
sigo solo
he expurgado ya mis culpas
y no pretendo nada sino
ver los paraísos infernales
con nuevos ojos
he dejado todo atrás
ya no tengo miedo
y no tengo muchas ganas
de volver!
miércoles, 12 de enero de 2011
La Necrológica de Le Gris (pt 2)

dos cosas me inquietaban,
debo admitirlo.
una, que el cuerpo no fue entregado bajo pretexto
de que faltaban aún análisis forenses,
era tiempo entonces de acercarme
a la unidad de criminalística
a preguntar que había sido
del cuerpo del finado Leo Le Gris.
La segunda era el lugar mismo de su entierro
pues en estos casos la cremación no aplica.
¿existía pues una bóveda o un mausoleo
dónde reposaran sus restos?
¿quién o quienes se encargaron del sepelio?
y otras no menos importantes:
¿por qué mi primer recuerdo sobre Le Gris
apareció inmediatamente después de su muerte?
¿por qué su apartamento estaba totalmente limpio y en orden
cuando desperté en el?
¿tendrá algo que ver esto con mi amnesia repentina,
motivo por el cual no recuerdo nada de mi infancia ni mi familia?
¿quién era yo antes de pasar a ser el albacea de Leo?
¿por qué nadie ha hecho ninguna reclamación
sobre las pertenencias del finado?
¿qué contienen pues esos papeles póstumos,
que son motivo de investigación?
me adentré aún más en la búsqueda de noticias sobre el caso y es así como me enteré de lo siguiente:
"Cuerpo de Joven Poeta desaparece de criminalística misteriosamente"

ese era el titular. y un poco más abajo se podía leer:
"el cadáver fue sustraído el día lunes hacia la media noche sin que el personal de seguridad advirtiera ruido alguno. las demás pertenencias que eran motivo de investigación también fueron hurtados"
esto confirmaba mis sospechas, ningún familiar ha reclamado el cuerpo de Le Gris porque no hay cuerpo que reclamar.
Luego de esto y de un par de titulares más que ya transcribiré a su debido tiempo, partí de la biblioteca dispuesto a escudriñar los papeles de Leo para descifrar este nuevo misterio.
sino estaba enterrado, ¿quién o quiénes y en dónde guardaban su cuerpo? ¿qué pretendían con ello?
Antoine
jueves, 6 de enero de 2011
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt X)

Antoine:
de ordinaria locura llevada al extremo
húmedos sótanos en los que celebran
dando comienzo al ritual
ahora comprendía
el macabro uso
de aquellas raras piezas
que encóntró Howard
cuando nuestra aventura
en el archipiélago silente
en donde llegué a los confines del Ver
y tuve en frente mío al Caos Reptante
ahora tenía claro
que con esto apenas
daba inicio el viaje final
hacia el Origen mismo del Miedo
esto era lo que habían buscado
ambos desde el principio
adentrarse en las entrañas del Mal
y ahora disponían del medio para hacerlo

lunes, 4 de octubre de 2010
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. VIII)

Antoine Gerris Protevs
Takay Park 17302
Rolandia DC
Querido Antoine, espero que esta y mis próximas dos o tres crónicas te demuestren que para un soñador experimentado ningún misterio queda sin develarse y ninguna frontera esta velada, por más lejana y extraña que sea su naturaleza.
Ha aquí lo que sucedió el día del…
desembarco en R'lyeh
el Faro de la Desesperanza estaba ahora ante nosotros. una imponente estructura circular de piedra que se alzaba 50 o 60 metros sobre la roca en un extremo de la bahía y era el último vestigio de arquitectura basada en la geometría de Euclides. más allá de aquel faro se levantaba imponente la ciudad maldita de R'lyeh. hasta entonces yo no había contemplado cosa igual en la tierra, ninguna ciudad se le parecía y apenas podía asociar algunas imágenes de ruinas de ciudades sumergidas en Japón y en el mediterráneo con los extraños edificios que se difuminaban con la niebla. Las noches eran ahora mucho más largas y las horas de luz escasas, un océano de tiempo desolado, gris y cubierto de densas brumas perennes, habitado por seres fantásticos, era el que habíamos atravesado durante eones en la barca de Caronte, mundos de inefables maravillas y de indescriptibles paisajes bizarros eran tan sólo un recuerdo. La idea de la distancia y la velocidad carecían de toda importancia, sabía –porque lo sentía- que nunca antes había estado tan lejos de casa. yo procuraba anotar todo en mi bitácora de viaje y lo que no podía (o no debía) quedar escrito ha sido grabado en mi memoria con fuego.
atracamos en el puerto a medianoche y fue en mi camarote donde se dio el último encuentro entre los tres soñadores y el Barquero. Howard y Randolph emprenderían lo que ningún soñador había intentado antes (suponiendo que sus sueños lo hayan traído hasta estos confines): atravesarían la gélida meseta de Leng hasta llegar a las columnas de Baal, región devastada por terribles ventiscas y tormentas de arena, para seguir en búsqueda de la entrada a lo que la demonología cristiana llama el Pandemonium y que en otras esferas místicas se conoce como la morada del gran Yog – Sothoth. para esto, deberían aprovisionarse en R'lyeh y tendrían que valerse de la ayuda de algunos guías bien experimentados que los orientaran hasta cierto paso conocido como el Paso del Bloop, allende el cual ni siquiera los habitantes de esta ciudad maldita se atrevían a avanzar. los preparativos se tomarían algunos días y para evitarme la molestia de detallar los horrores que encontraría en esta ciudad, me propusieron pasar ese tiempo en la Barca de Caronte, mientras este despachaba su cargamento de almas y se reaprovisionaba de ogros y esbirros para el viaje de regreso hasta las riveras del Estigio.
¿qué podía hacer querido Antoine? era yo el testigo de sus aventuras oníricas y estaba yo mismo viviendo mi propia aventura. algo que jamás había imaginado en mi corta vida terrenal, me sucedía después de muerto (al menos eso creo, pues si algo he aprendido en este viaje terrible y maravilloso es que la línea que separa la vida de la muerte y la muerte del ensueño es muy delgada). mi espíritu errabundo había tropezado por no se qué jugarreta del destino con este par de soñadores y con un guía que lejos de asustarme me ha sorprendido gratamente. ¿me atrevería a descender a tierra firme y a explorar aquella ciudad alejándome de la seguridad de esta embarcación? ¿qué clase de horrores o de maravillas me esperaban en esas sinuosas calles, entre esos edificios insolentes e inverosímiles que apenas si podía distinguir entre la bruma? ¿éramos nosotros tres los únicos seres humanos que habían llegado hasta aquí? ¿hacia dónde llevaban el cargamento de almas que dejaba Caronte en este puerto lejanísimo? ¿qué significaba aquella música decadente y terrible que llegaba por oleadas hasta mi camarote? ¿estarían celebrando algún orgiástico ritual de sacrificio como el que tuve oportunidad de presenciar en el Archipiélago del Silencio? ¿dónde andaban y qué hacían Howard y Randolph ahora mismo? ¿por qué no dejaban que los acompañara en sus preparativos? estaba seguro que me ocultaban algo más. no podía creer que se dedicaran solamente a alistar todo lo pertinente a la futura expedición a Leng así sin más. algo estaban tramando ese par y yo estaba dispuesto a averiguarlo.
los días eran largos y tediosos, los esbirros de Caronte montaban guardia en la cubierta y no dejaban que nadie entrara o saliera de la embarcación. yo me dedicaba a escribir, a recapitular y a leer algunos de los cuentos de Lovecraft, que cargaba en una edición de bolsillo y que ahora cotejaba con algunos viejos pergaminos en los que se detallaba la ubicación de aquel paso hacia las columnas de Baal. así fue entonces que recordé dónde había escuchado ese nombre antes.
Bloop era el nombre que los científicos norteamericanos le dieron a un sonido de ultra baja frecuencia y de altísima potencia que había sido detectado en las profundidades del océano pacífico, cerca a Tahití (la isla sabia) por allá en 1997 y que no se sabía a ciencia cierta que o quién lo produjo. el misterio crecía más aún porque este sonido fue detectado por toda la red de micrófonos submarinos distantes entre si hasta 5000 kms el cual nunca se ha vuelto a detectar.
algunos más racionalistas hablaban de una especie de calamar gigante de las profundidades, otros de una especie desconocida de cachalote, pero ninguno dejaba claro cómo estaría conformado el aparato emisor del supuesto animal ni las consideraciones de proporción entre tamaño y peso del mismo para que pudiera producir con tanta potencia aquel misterioso sonido. algunos otros más arriesgados barajaban la posibilidad de que hubiese sido el mismo Cuthulhu quien lo hubiese provocado ya que las coordenadas coincidían casi a la perfección con la ubicación que Lovecraft dio de R'lyeh y que Lord Dunsany también consignó en sus memorias.
ese era el primer misterio que debía resolver, necesitaba saber a ciencia cierta el porqué del nombre de ese pasadizo y quien o que era lo que llamaban Bloop, por una parte. por otra, necesitaba explorar la ciudad para poder hacerme una idea de lo que era estar en una construcción como aquella y conocer un poco mejor a sus habitantes. Así que dispuesto a resolver estos dos enigmas decidí que debía escabullirme con el despacho del siguiente cargamento de almas a primera hora de la mañana y ocultarme en el puerto en algún punto en donde pudiera vigilar los movimientos de Carter y Lovecraft y así seguirlos a una distancia prudente. tenía la esperanza que ellos me darían ambas respuestas.
de lo que encontré divagando por la ciudad y de lo que descubrí sobre el misterio del Bloop es algo que te lo contaré en la siguiente crónica. te adelanto tan sólo que este viaje que yo creía a punto de terminar parece que se extenderá por un tiempo indeterminado aún. Me será un poco complicado hacerte llegar mis escritos, pero ya me las arreglaré para mantenerte informado.
Me pregunto cómo irás con tu ardua tarea de organizar todos esos regalos que haz estado recibiendo en mi domicilio y si intuyes ya qué es lo que debes hacer con ellos y para qué secreto propósito han llegado hasta tus manos.
chau Antoine, amigo y hermano, espero darte noticias mías muy pronto.
mantente alerta, hasta la próxima
Leo Le Gris
martes, 14 de septiembre de 2010
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. VII)


Día: 93. madrugada del 15 de octubre
Clima: lluvioso, nublado, tormentoso, helado.
cerca de nuestro puerto de destino, asegura la tripulación.
"El Faro de la Desesperanza"
el mar ha estado agitado en las últimas semanas.
tormentas que azotan la quilla haciéndola estremecerse.
tan solo algunas horas de calma entre una niebla tan densa
que es posible hacerle un tajo con un cuchillo.
es Gilgamesh que sacude su infinito lomo.
en el insondable abismo que está debajo del mar
el Faro es la última frontera
allende él ningún retorno es posible, dicen.
Howard me ha confirmado que es a la meseta de Leng,
que se extiende más allá de la ciudad prohibida de Ur,
hacia donde vamos.

me recomendó dormir, dormir sin ensoñar,
dormir un sueño profundo, reparador.
que me otorgue la fuerza necesaria
para soñar dentro de los sueños.
es el único escape, me dice.
tu única puerta de salida
de emergencia.
y entonces me recitó este poema
de nuestro querido maestro Edgar Poe
(con su inconfundible acento de Providence),
para Le Gris:
a dream within a dream
Take this kiss upon the brow!
And, in parting from you now,
Thus much let me avow --
You are not wrong, who deem
That my days have been a dream;
Yet if hope has flown away
In a night, or in a day,
In a vision, or in none,
Is it therefore the less _gone_?
_All_ that we see or seem
Is but a dream within a dream.

I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And I hold within my hand
Grains of the golden sand --
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep -- while I weep!
O God! can I not grasp
Them with a tighter clasp?
O God! can I not save
_One_ from the pitiless wave?
Is _all_ that we see or seem
But a dream within a dream?

Un sueño dentro de un sueño
¡Toma este beso en tu frente!
Y, en el momento de abandonarte,
déjame confesarte lo siguiente:
no te equivocas cuando consideras
que mis días han sido un sueño;
y si la esperanza se ha desvanecido
en una noche o en un día,
en una visión o fuera de ella,
¿es por ello menos ida?
Todo lo que vemos o parecemos
no es más que un sueño en un sueño.

Yo permanezco en el rugido
de una ribera atormentada por las olas,
y aprieto en la mano
granos de arena de oro.
¡Qué pocos y cómo se escurren
entre mis dedos al abismo,
mientras lloro, mientras lloro!
¡Oh Dios!, ¿no puedo yo estrecharlos
con más ceñido puño?
¡Oh, Dios!, ¿no puedo salvar
ni uno, de la despiadada ola?
¿Todo lo que vemos o parecemos
no es más que un sueño dentro de un sueño?
domingo, 5 de septiembre de 2010
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. VI)

lugar: en algún punto allende los mares del sur(?)
dia: 37
hora: medianoche.
La visión del Archipiélago del Silencio
días y noches de aprendizaje ininterrumpido han sido estas últimas semanas querido Antoine.
Howard ha hechos esfuerzos ingentes para lograr que pueda"ver". lo mejor es que empieza a recoger los frutos de su testarudez. ayer por ejemplo, el barco atracó cerca a un extraño archipielago coralino, dos esbirros de Caronte nos condujeron en un desvencijado bote hasta la playa, que dicho sea de paso es la playa mas particular que haya visto en mi vida - o en mi muerte-. la arena era gris opaco, las palmeras se alzaban imponentes en una tonalidad parduzca como jamás creí que pudiera existir. el silencio reinaba y solo el rumor de las olas chocando contra la playa podía yo escuchar, ni un pájaro ni un grillo, nada, todo sumido en el más absoluto mutismo.

nos adentramos los dos por un sendero de piedra comenzada ya la tarde, la jungla era densa, y la luz se filtraba en pequeñas porciones, lo que le daba al paisaje un tono de terror y misterio, el silencio era ensordecedor, abrumadores helechos gigantes hacían pensar que las islas del archipiélago eran más antiguas de lo que cabría suponer. toda la vegetación parecía del cámbrico o del paleozoico y no me hubiese sorprendido atisbar algún saurio rondando por ahí.
Howard es un caminante tenaz, callado y con buen paso, blandía su machete abriéndose camino por entre la jungla, parecía en una especie de trance y por un momento dudé que fuese el mismo ermitaño de Providence que no salía de su cuarto. pero en esta alteridad cualquier cosa es posible. y no me sorprendería ya nada, o al menos eso pensaba, antes de toparnos con lo que Howard estaba buscando tan afanosamente.
en medio de la jungla, y solo para ojos de explorador aguzado, veíase una pirámide escalonada y los restos de una ciudad. el brillo de sus ojos cambió de repente y apresuró el paso, señalándome un punto en particular exclamó:
"allá debemos llegar antes de media noche. será ésta tu experiencia definitiva en el arte de "ver", la prueba de fuego para lo que vendrá después, una vez lleguemos a nuestro destino. por ahora, esa es At - Xitlán, la ciudad maldita de los Tolmecas, se dice que desapareció de la tierra hace miles de años junto con su población y que vino a parar a este archipiélago del silencio para que los hombres no escucharan jamás los lamentos de horror que brotan de sus entrañas todas las noches.

"estuve aquí antes, y Carter también al comienzo de sus aventuras oníricas, no recordaba los detalles pero en esta caminata todo se ha aclarado otra vez. ¿ves ese montículo sobre el altar de sacrificio? es ahi donde depositaban diariamente los antiguos habitantes su homenaje de sangre a Nyarlatothep, quien en uno de sus miles de avatares se aparecía en forma de serpiente emplumada el famoso Quetzacoatl maya, como lo remombrarían estos en su mitología. no es ningún mito, es real, estamos aquí, ahora todos los habitantes han enloquecido, son como zombies, se alimentan de un fango fétido que brota de las entrañas de la isla y que se deposita allá junto a la gran pirámide, ¿puedes verlo? realmente apesta".
Apresuramos la marcha, no se en que momento cayó la noche ni tampoco me percaté de las luces verdes fosforescentes que se encendieron en la ciudad, un rumor vago de tambores empezó a abrirse paso entre el silencio. yo no divisaba ningún habitante, ni tenia intenciones de hacerlo, pero ahora Howard Phillips aumentó su estado de alerta y casi sin previo aviso me tomó del brazo y nos desviamos del sendero para encontrarnos con una entrada oculta entre los matorrales.
"es un atajo que conduce directamente al altar del sacrificio" - me dijo-."debemos llegar ahí antes que el sumo sacerdote y ocultarnos. lo que debes hacer es "ver". y diciendo esto sacó el libro de su alforja y comenzó a recitar algo ininteligible, entonces la puerta circular de piedra se abrió y entramos al pasadizo. el hedor era impresionante, la atmósfera estaba atestada de ese horrendo olor a limo y algunos bajo relieves mostraban a lo largo de la galería, el tipo de ritual del que Howard me hablaba.

el ascenso fue dificultoso, la galería se estrechaba cada vez más, pero una vez llegamos, una pequeña bóveda apareció y una ventanita circular a la altura de la cabeza permitía observar una panorámica completa de la ciudad. no suponía yo que era directamente sobre nosotros que el ritual de sacrificio tendría lugar. Howard seguía recitando sus cábalas misteriosas y en un momento me dijo que me colocara exactamente al frente de la ventanita y que recordara lo que habiamos hablado en su camarote sobre el ver, las técnicas para respirar y mantener la mente calmada, el mantra que debia repetir, como debia enfocar, todo eso llegaba a mi desde la boca de Howard y desde más allá, como una retahila que alguien más me repitiera dentro de mi cabeza.
la visión era de un decandentismo impresionante, desde la ventanita circular veía como se reunían poco a poco millares de zombies refulgentes en la obscuridad del suelo de la jungla maldita. el sacerdote comenzaba a ascender por las escaleras de la pirámide y dos esbirros corpulentos llevaban en brazos a una chica joven (zombie desde luego) que en actitud de entrega parecía lista para dar su cuerpo como ofrenda. la multitud empezaba a emitir sonidos que podría decir que eran prehumanos, un mumullo que iba creciendo conforme se acercaban al altar. entonces howard me susurró de nuevo: "es tiempo ya, observa con atención en lontananza"
no se como hacía el para saberlo, si era yo el único que tenia la panorámica en exclusivo, pero su voz dejo entrever un eco de temor cuando acabó la frase. y obedeciendo a su orden agucé mi vista hacia el negro horizonte y de pronto una luz verde también empezó a acercarse, los zombies seguían en su terrible crezzendo gutural y el sacerdote estaba ya comenzando el ritual, la chica estaba atada a la mesa y con un puñal ritual el sacerdote hizo el primer tajo, entonces una hilera de sangre, o lo que parecía serlo, comenzó a brotar de su pecho. el líquido era del mismo tono que el limo y su olor era igual de apestoso. la luz crecía y ahora tomaba forma de serpiente o de dragón emplumado, era Quetzacoatl, o Niayarlothotep que viajaba desde los vórtices cósmicos para saciar su sed de sangre.
la figura del dios era impresionante, escalofriante, me faltó poco para gritar, pero logré contenerme, para bien nuestro. estaba "viendo" a un primordial a un dios antiguo. era el mismo Caos Idiota al que tenia al frente sobrevolando el altar dispuesto a engullir a la víctima adolescente. el paroxismo de los zombies llegaba al extremo, era atronador el aullido que emitían. entonces el dios emplumado se dirigió al sacerdote en una lengua incomprensible para mi. Howard me explicó después que era un idioma anterior al Naualt y que estos zombies conservaban como vetusto recuerdo de su anterior vida humana en la meseta de centroamérica antes de llegar a este archipiélago maldito.

el sacerdote hizo una danza, unos pasos macabros para finalmente elevar sus brazos ante Quetzacoalt y este, alargando una garra tomó a la chica y de su pecho una horrible ventosa se abrió y absorbió todo el liquido vital de su víctima, el cuerpo inerte cayó en medio de los zombies y estos se encargaron de no dejar ningún rastro en pocos segundos. el dios se dió vuelta, pronunció algo más, el sacerdote cayó de rodillas y la figura de Nayarlothothep se dirigió de regreso a su morada cósmica.
yo quedé petrificado. de una sola pieza. incapaz de moverme, fue Lovecraft quién con un empujón me sacó del trance, y haciéndome señas, me instó a descender de nuevo por el pasadizo,

caminamos en silencio, él traía consigo un par de objetos que encontró en la bóveda y su cara reflejaba una felicidad particular que no quise diluir con mis preguntas, ya habría tiempo para eso en la Barca de Caronte. yo no sé que cara traería, pero si se que debía reflejar una mezcla de pánico, de horror, de sorpresa y de consternación, por una parte y de confianza y seguridad en uno mismo, por el otro. tenía a plena seguridad que sería el primer testigo de cosas asombrosas, más aún de lo que acababa de presenciar. ya no recordaba bien mi muerte física y tampoco me importaba mucho, la verdad. si ese era el precio que debí pagar para experimentar esto, el precio había valido la pena. ahora estábamos en la playa gris, esperando Leo Le Gris y Howard Phillips Lovecraft -quien lo creyera- el bote que nos llevaría de regreso a nuestra morada flotante, para seguir en camino de la aventura.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. V)

Leo sigue con sus manifestaciones paranormales.
a veces me siento usado, a veces cansado de no recordar quién soy
o como llegué acá y también de que Le Gris me use a su antojo
como médium o escribano de sus cuitas infernales...
esta vez no fue soñando
esta vez apareció en un largo espejo
que reposa colgado en el vestíbulo
de lo que alguna vez fue su hogar
y que ahora yo habito en calidad de inquilino
-claro está-
durante estas tres noches
inexplicablemente el espejo se empañaba y hacia la madrugada
aparecían versos escritos con un pulso muy firme
como el de un muerto
sólo hasta la madrugada de hoy Le Gris firmó su poema
pero yo ya sabía de qué se trataba,
así que desde la primera noche comencé a transcribir
y he aquí el resultado final, que comparto con Uds. pues es mi obligación:

querido Antoine
nuestro viaje continua y mis epístolas para ti
-como el Vigilante de mi Desquicio-
se sucederán varias veces más,
ya verás.
Recuerdas que al final de la tremenda visión de los Shoggoths
elevándose raudos hacia aquella misteriosa estrella,
me dirigí hacia la cubierta para fumarme un tabaquito y calmar mis nervios,
pues bueno, esto fue lo que sucedió después:
salimos Howard y yo
rumbo a la quilla
él a beber su escosés
yo a fumar mi pitillo
horribles ogros ciegos y estúpidos
se agitaban por doquier ocupados
en los asuntos propios de la navegación
seguían sólo las órdenes del Barquero
y no determinaban a ninguno de los invitados
la noche era absolutamente obscura
en lugar de luna
una tierra azul brillante
en cuarto creciente
dominaba el cielo
la estrella por donde los Shoggoths
habían desaparecido hace solo unas horas
seguía brillando impoluta sobre el firmamento
y las aguas reflejaban extrañas constelaciones

el viaje seguía su rumbo incierto hasta para mí
y tan sólo una vaga idea de nuestro destino
rondaba mi cabeza y mi corazón
que cada vez estaba más oprimido
por un temor incierto, indescifrable
hombre de pocas palabras
el señor Howard contemplaba el cielo en silencio
y bebía de su escosés con parsimonia
ambos contemplamos el paisaje acodados en la quilla
cuando sentenció pausadamente:
"lo mejor está por venir, joven Le Gris,
esto ha sido sólo el preámbulo".
el Último abismo de Conciencia, aclaró.

Caronte es nuestro transporte,
tú eres nuestro reportero
- podría decirse-
tu serás el que observa tras la cerradura
sin poder abrir la puerta
- tal vez alguna vez regreses con el arcano descifrado
y puedas penetrar hacia dónde Randolph y yo vamos.
tienes que aprender en lo que resta del viaje,
tienes que saber distinguir, tienes que aprender a ver.
yo yo te enseñaré.
esta intempestiva irrupción de Shoggoths submarinos es una señal,
otra de tantas que no has captado por no estar adiestrado.
pero se acerca el final de nuestro viaje y sólo Caronte sabe cómo regresar.
si tú decides volver como testigo único -a riesgo que te juzguen por loco-
deberás instruir a Antoine en los menesteres necesarios para el viaje de retorno.
pero todo a su tiempo, querido Leo, por ahora, Salut!
ha sido una noche fantástica, ¿no crees?
si, estás lleno de dudas, de interrogantes, de miedos, lo sé.
no temas, es todo lo que puedo decir.
sé que no recuerdo los detalles
de cómo llegar al puerto final
en la misteriosa tierra de Ur
pero si lo necesario
para que sepas
lo que nos espera
y puedas enfrentarlo
soportarlo

dejemos que el Barquero y el Soñador tracen la mejor ruta,
que develen en los mapas y en las bitácoras
de los primeros expedicionarios
la mejor manera de llegar.
por ahora descansemos.
mira, aún entre la bruma el sol ya sale,
será un día gris -como Le Gris-, otra buen augurio.
ese Cygnus 1, la estrella que tanto miras
es la constelación del cisne,
sólo que tienes que aprender
que no estás viéndola desde la tierra,
por lo tanto la perspectiva cambia.
por ahora no digamos más,
te espero en mi camarote,
después del medio día.
ya tendrás tiempo
para preguntar
todo lo que quieras.
buenas noches
-o mejor buenos días-
joven Le Gris

hasta la próxima, lectores, amigos, paseantes, soñadores, hasta la próxima entrega de otra crónica de Le Gris desde los Infiernos.
martes, 10 de agosto de 2010
Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. III)

la ventaja de la incorporeidad radica en la posibilidad de acceder a cualquier punto del espacio y el tiempo de nuestra historia personal o de la historia de la humanidad, así como también la posibilidad de ser el ghost in the shell, cada vez que se quiera, por eso ahora ingreso directamente a mi antiguo blog para postear fantasmalmente esta epístola y seguir relatándote estas crónicas desde el Estigio.
Conversando con tres grandes
¿Te acordás Antoine que en mi última carta te contaba que iba rumbo al continente antártico en compañia de H. P. y de su amigo Randolph Carter?, ¿te acordás también que te dije que con el Barquero Caronte habíamos sostenido amenas e interesantes conversaciones en las largas noches de navegación rumbo a las Montañas de la Locura?, pues esta vez trataré de reproducir lo más fielmente que pueda una conversación que tuvimos los invitados con el anfitrión en su camarote especial, mientras la tripulación luchaba en cubierta con las amarras y los cabrestantes y las velas para que el maëlstrom de los mares del sur no hiciera trizas la frágil embarcación.
habíamos acabado de abandonar la zona del triángulo del dragón en aguas del sudeste asiático, luego de atracar en el fantástico puerto de Sattahip al norte del golfo de Thailandia para visitar los subterráneos pasadizos secretos de templos budistas, en busca de arcanos jamás revelados a los simples mortales acerca de los umbrales trasdimensionales que se usan para acceder a nuevos e ignotos mundos.
los tres, expertos soñadores, aprendices del gran Edgar Allan. H. P. superando al maestro Chambers. Randolph, un soñador nato, visionario de paisajes inefables que ningún hombre ha visto jamás, reconocidos son sus relatos sobre sus aventuras oníricas que comienzan en Nueva Inglaterra y terminan en lejanas esferas dimensionales en los que ni la luz de las estrellas puede verse. y claro, Caronte, el gran Barquero de las almas, quien si bien no sueña nunca, es porque todo lo ha visto ya. toda una eternidad en los avernos lo han hecho un experto para distinguir visiones "reales" de ensoñaciones o de alucinaciones simples.

sentados alrededor de un fuego que ardía con ganas, tomando un vino tinto añejo que se había extraído de un antiguo galeón español hundido hace mas de cinco siglos por piratas en aguas del caribe, la conversación fluía mas o menos así:
Randolph Carter: ¿cómo hace Ud. Barquero para distinguir una visión de una alucinación o de una ensoñación?
Caronte: el método es sencillo, Randolph, ud mismo lo practica de manera inconsciente aún. el secreto está en ver y no en mirar. La visión así sea de un ente descarnado, tiene consistencia, la alucinación está en tu propia cabeza, por lo tanto no la puedes mirar, solamente la puedes ver. La ensoñación es algo más complicada, porque está en un estado intermedio, puedes ensoñar visiones, pero no soñar alucinaciones, asi que cuando dominas el ensoñar (en la vigilia o en el sueño) es porque has dominado el ver.

R. C.: lo entiendo, Barquero.
Howard Phillips: el secreto radica en ver, como bien lo dice Caronte, pero debes afinar tus demás sentidos físicos y la intuición también. en una ensoñación los entes descarnados pueden aparecerse de varias formas, disfrazarse como egos, como amigos o familiares fallecidos, etc. pero los distingues porque sus ojos carecen de brillo y su sombra es bastante difusa y traviesa.
Leo Le Gris: ¿y cómo distingues a un espíritu de un muerto de una alucinación del mismo? muchas veces estando despierto y en los cinco sentidos he visto algunos, así como en ciertas experiencias en tierras amazónicas he alucinado con espíritus de familiares muertos que han regresado para comunicarme algo, ¿ambos fueron reales?, ¿alguno era un ente diferente del alma del familiar muerto?
C: de nuevo debes aprender a ver, ve a los ojos, no mires. para ver se necesita todo el cuerpo, si quieres somatizarlo en una zona, queda junto al bazo. si los ojos brillan es porque alguna vez tuvieron vida humana, los de los entes descarnados son difusos y opacos, cuando los ves en lugar de mirarlos puedes distinguir un halo resplandeciente en los que alguna vez fueron humanos. acuérdate que los hombres son seres de luz, los entes provienen de la obscuridad.
L: Queda claro, Barquero. pero, ¿por qué tuve que morir para empezar a ver?
H. P. ¿quién dice que lo estás?
R: yo sigo percibiendote Leo, para mí no has muerto. es mas, estás más rozagante que nunca. En cuánto a tu pregunta, en cuanto al ver, ¡eres un suertudo hombre! ¿conocías el truco acaso?

en ese momento callé, por prudencia. debo confesarte que entonces recordé cómo había muerto. pero esa es otra crónica.
nuestro viaje prosigue, he visto mi primera aureola austral, las ballenas acompañan cantando las noches de luna, rituales macabros en olvidadas islas, cultos paganos, lenguajes primordiales, ahora quería divisar algunos "entes" y lo mejor es que todo puede suceder... hasta pronto Antoine, ya tendrás noticias mías.
Leo
domingo, 25 de julio de 2010
RIP

hasta aquí llegó esto
no va más
Leo descansa en paz
hoy parte el alter ego para la eternidad
y el hombre que está detrás
deshace sus amarras pedestres
se libera de todo el lastre
y dice au revoir
deseándoles una vida plena y feliz
¡hasta siempre!
La Consigna
"las grandes verdades se dicen en los vestíbulos" E. M. C.
Desquisiada Poesía del Mundo
- Capital del Dolor - Paul Eluard
- Una Nube en pantalones y otros poemas - V. Maiakovski
- 100 Poemas - Li Po
- El hombre aproximativo - Triztán Tzara
- El Spleen de París - Charles Baudelaire
- Presencia Terrible (Take III) - Juan E.Domínguez, A. Teófilo Hernández, Martin Pinot Picabia
- Soy Vertical - Pero preferiría ser Horizontal - Sylvia Plath
- Los Ditirambos de Dionisio - Frederic Nietzsche
- Pomes All Sizes - Jack Kerouac
- La Caida de América - Allen Ginsberg
- El Hundimiento del Titanic y otros poemas - Hans Magnus Erzemberguer
- De Dónde son las Palabras - Luisa Futoranski
- Palabras para Julia y otros Poemas - J. A. Goytisolo
- VARIACIONES ALREDOR DE NADA - LEÓN DE GREIFF
- NOVA ET VETERA - LEÓN DE GREIFF
- An American Prayer - James Douglas Morrison
- Song To Myself - Walt Whitman
- Las Hojas de Hypnos - René Char
- Las Uvas de la Ira - René Char
- La Balada de la Cárcel de Reading - Oscar Wilde
- Howl - Allen Ginsberg
- El Barco Ebrio - Arthur Rimbaud
- El Cementerio Marino - Paul Válery
- El Pesa-Nervios - Antonin Artaud
- El Testamento - Francois Villón
- Ex Manifesto Rex - J. S. Solís C. y Luis F. Ruiz
- La Extracción de la Piedra de la Locura - Alejandra Pizarnik
- Las Flores del Mal - Carolus Baldelarius
- Las Iluminaciones - Arthur Rimbaud
- Las Úlceras de Adán - Héctor Rojas Herazo
- Los Poetas Malditos - Paul Verlaine
- Peleando a la Contra - Henry Chinaski
- Poesias - Isidore Ducasse - Conde de Lautreamont
- Poesía Impura - Iván Tubau
- Una temporada en el Infierno - Arthur Rimbaud




