Te robaste la luna,
muchacha:
te van a descubrir.
Baja los ojos.
No provoques envidias
de los astros celosos.
Por ti pueden venir
eclipses y desastres:
te robaste la luna.
Y no hay manera
de que no se descubra.
Quejas
-Amigo mío,
¡Lo que pasó esa noche!
La miel fue mi tortura.
Bebió mis labios
aranó mis pechos,
me apretó la cara
hasta dejarme sin aliento.
Su vigor juvenil
desenfrenado, lo aturdió.
Rústico,
no sabía el arte del amor.
-Señora mía,
está usted encantada
con ese dios glotón.
