¡hola queridos lector@s!
esta bella urbe posee la quinta catedral más alta del mundo, con una torre de 113 m de los cuales puedes ascender cómodamente hasta los 103, siendo este el punto más alto de Manizales y tal vez, solo sea comparable con la torre del cielo, ubicada en el sector de Chipre, a la que iré en mi próxima visita, es una promesa.


bien, el pequeño corredor circular de la cima de la torre se conoce como "el corredor polaco" y desde allí se han tomado las fotografías que están viendo ustedes, hay unas clásicas en blanco y negro de hace años, mucho antes que la estructura de la escalera -originalmente construída en madera-, fuese reemplazada por una de acero, con toda la seguridad que hace posible que te sientas a gusto, aún a pesar de tu acrofobia.
fué una experiencia única, porque volver a ver las calles y los lugares que tantas veces trasegué desde una panorámica de 360 grados a más de 100 m de altura ¡es algo fascinante!, debo admitir que mi estómago no dejaba de revolverse en una mezcla de temor y de excitación y mi mente no dejaba de repetirse una pequeña frase de aquel tremendo tema de Morphine: "I've got a head with wings!!"



vértigo, sensación de infinitud y de pequeñez, hicieron que meditara durante el recorrido sobre la insignificancia de la especie humana y su afán de grandeza, su afán por perpetuarse en monumentos y en construcciones a prueba del paso del tiempo. pero todo es transitorio, absolutamente todo y ante el -tal vez- funesto destino de la especie, no podía dejar de imaginarme cúal sería el futuro de tan bella construcción luego de nuestro fugaz paso por la faz de la tierra.


imaginarme además que con un par incendios la Catedral fue destruída ya en el pasado junto con gran parte del centro de la ciudad, también me conmovió, lo admito. y luego, se me revolvió nuevamente mi estómago al contemplar la escalera en madera que llevaba hasta el pequeño corredor en el pasado, se me revolvió al percibir la vibración de la antigua estructura ante la ascensión de los visitantes.


los lugares representativos se trastocan, mutan, se convierten en algo más dentro del contorno de la urbe cafetera: el morro de San Cancio, el estadio Palogrande, la plaza de Bolivar y el edificio de la Gobernación, la iglesia de los Agustinos, el sector del Cable con sus edificios, todo tenía otra tonalidad, otro significado, otro matiz.
inmersos en los Andes colombianos respiraban fragilidad y era imposible no pensar en aquel terremoto como el de Armenia, ya hace dos lustros y al conocer -por boca de mi bella invitada- que esta ciudad está construida sobre 5 fallas geólogicas, en las funestas e inevitables consecuencias que ello tendría sobre Manizales. pero la imagen se desvanecía dada la belleza del paisaje, solamente faltaba un cielo más despejado para poder contemplar el nevado del Ruiz, vigilante silencioso desta ciudad.




fue, en definitiva una experiencia que sin duda quedará guardada en mi memoria con letra de fuego, la compañía no pudo ser mejor, mi invitada, mi guía, mi amiga especial estuvo ahí conmigo, compartiendo mi emoción, degustando también de la belleza del lugar y contándome muchas anécdotas acerca del pasado de la ciudad, o de lo arriesgado que era el recorrido algunos lustros atrás cuando nada de esta infraestructura turística existía; emocionándose ante la imponencia de la Catedral Metropolitana, con todo su arte religioso, con lo maravilloso de sus vitrales y claro, riéndose de mis vértigos y de mi cara de pánico cuando me asomaba por el pequeño corredor circular a más de 100 m de altura, mientras ella disparaba la cámara y yo señalaba los lugares que tantas veces caminé, con una emoción infantil como hace mucho no experimentaba. confieso mis querid@s lector@s que volví a ser niño.


están pues invitados y si tienen la oportunidad o viven en la ciudad o cerca a ella, no duden en visitarlo, no se arrepentirán ¡se los aseguro!
¡hasta la próxima disquisición!
¡un abrazo!
Leo