.
Luego de un tiempo de no actualizar este blós, retomo la placentera tarea para cumplir con lo que le dije a Damián. Hace un par de meses visité la capital y recorrí las calles del centro histórico tomando fotografías. Llegando a la Plaza de Bolivar, recordé un viejo deseo que albergaba y era conocer la esquina en la que había caído a manos de los oligarcas de este país, el mejor y más grande caudillo de esta parte de sudamérica: Jorge Eliecer Gaitán, aquel 9 de abril de 1948.
La muerte de Gaitán produjo una reacción tremenda en el pueblo, tanto en la capital (el famoso Bogotazo) como en el resto del país. El sentimiento de venganza se apoderó de la gente que salió a las calles para tomar la justicia por sus manos. Por espacio de tres días, si no estoy mal, todo fue un caos, el saldo de muertos fue tremendo. Los Liberales acusaban al gobierno Conservador del asesinato de Gaitán, este fue el comienzo de la actual violencia en Colombia:
El discurso de la placa conmemorativa es este:
"Yo no creo en el destino mesiánico o providencia de los hombres, no creo que por grandes que sean las cualidades individuales haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión y la determinación y el pensamiento del alma colectiva. No creo que exista ni en el pretérito ni en el presente un hombre capaz de actuar sobre las masas como el cincel del artista que confiere caracteres de perennidad a la materia inerte. El dirigente de los grandes movimientos populares es aquel que posee una sensibilidad, una capacidad plástica para captar y resumir en un momento dado el impulso que labora en el agitado subfondo del alma colectiva; aquel que se convierte en antena hasta donde ascienden a buscar expresión, para luego volver metodizadas al seno de donde han salido. Las demandas de lo moral, de lo justo, de lo bello, en el legítimo empeño humano de avanzar hacia mejores destinos".
Jorge Eliecer Gaitán.
Hasta la próxima
Leo
.

