hola, Albacea mío en el mundo de los vivos:
casi tres meses sin contactarme contigo Antoine, pero las comunicaciones en R'lyeh son prácticamente nulas y he andado reviviendo mis infiernos personales, en esta ciudad que es lo más parecido al purgatorio.
desde nuestro último contacto es mucho lo que ha sucedido, para ti podrán parecer sólo meses, para mi han sido años o siglos tal vez. en esta dimensión el espacio - tiempo se dilata y se contrae, diríase que mágicamente.
océanos mágicos con islas fantásticas y ciudadelas perdidas, el viejo navío que atraca finalmente en el puerto innombrable. el faro de la desesperanza. visiones de los otros. ensoñaciones para ver. no saber si estás o no estás muerto.

qué puedo decir de las sinuosas callejuelas y lupanares de R'lyeh, sólo de cómo fue necesario hacerme a una indumentaria adecuada para pasar desapercibido, teniendo en cuenta que son mas bien pocos -por no decir que ninguno- los hombres que habitan esta ciudad maldita.
he visto, porque realmente he visto, seres extraordinarios, desde los hombres peces que arriban provenientes de Insmouth, hasta los Annunaki, que deambulan por las calles exhibiendo con desparpajo su forma reptiliana. seres protoplásmaticos, licántropos, Lamias, y un sin fin de creaturas extraordinarias que harían la delicia de cualquier lector de novelas de terror.
he estado siguiendo discretamente a Howard y a Randolph con mi nueva indumentaria. luzco como un monje antiguo de ojos fosforescentes y enigmáticos, porto un secreto talismán precolombino mucho más antiguo que las ruinas de Machu Pichu y hablo el pre - sánscrito con soltura. mis orejas lucen extrañas, cual deformaciones de los zombies de Ur pero no como un no muerto. no llamo demasiado la atención y llegado el momento de interactuar con los habitantes o los turistas, es desconcertante para ellos lo extraño de mi apariencia y mi total ausencia de entonación.
Así he sido capaz (cuando logro reunir el valor suficiente -y debo confesarte que me fui acostumbrando a los horrores-) de aventurarme hacía una desquiciada empresa que ni yo comprendo en su totalidad.
actúo como en trance y he de añadir que el ritmo de mi reloj biológico cambió radicalmente. mi pulso es casi imperceptible (me decía a mi mismo que era obvio, porque sabía en efecto que había muerto). las horas de sueño ahora son mínimas ( si es posible distinguir lentre la realidad y el ensueño).
mi capacidad de asombro se limita a lo más extremo. soy casi imperturbable, aún cuando la sensación de miedo es cada vez más creciente, pues he descubierto en parte lo que traman esos dos, lo que te contaré en otra ocasión.

mis andares no se limitaban a averiguar el siguiente destino de nuestro (de su) viaje. una vez aquí, descubri paulatinamente ciertos lugares, en especial sitios que se pueden semejar a clubes, o a bares o a restaurantes y que como todo en esta extraña ciudad, contiene -como dudarlo - su viso de particularidad.
recuerdo muy bien cómo en cada sitio que entraba, aparecía alguien ligado con mi vida terrenal. era un review, era poner a rodar la película hacia atrás, imágenes recuerdos, imágenes inventadas por mi psique, o por lo que sea que me define y me limita como Leo. no puedo decir que haya un cuerpo físico que abordar. en este estado todo es etéreo.
una antigua ex-amante que había dejado de ver hacia tiempo, de repente aparece como por arte de magia, se acerca a mi mesa en la que sentado, bebiendo un licor indescriptible, organizo mis crónicas tratando de recordar en todo detalle de lo que he sido testigo en esta travesía y me siento como Stevenson en su viaje por los mares del Sur.
especialmente traumático fue encontrarme con mi último gran amor, aquella por la que bebí los últimos whiskies y los barbitúricos. ella, el detonante de esta alucinación que es mi muerte o mi sueño, entró tomada de gancho con su pareja, se sentaron en una mesa para dos y después de ordenar, caminó hacia el tocador para empolvar su nariz y entonces cruzamos miradas. no pareció reconocerme, pero yo no pude evitar sonreír y eso me delató. regresó a su mesa, tomó de su copa un par de tragos, habló algo al oído de su amante y se dirigió después hacia mí.
-le he dicho que vengo a que me leas el futuro, ¡mira a ver que te inventas!
dijo sin siquiera un saludo. puso su copa en la mesa y se sentó, estiró un mísero gaitán y me miró fijamente. yo permanecí en silencio.
- casi no te reconocí con ese traje tan ridículo y esas orejas postizas, ¿qué hacés por acá?
y sonrió.
- si quieres te leo tu futuro.
- me da igual, estoy muerta, como tu - dijo-.
- no me sorprende, acabas de llegar, por lo que veo, traes aún el dulce aroma de aguas más cálidas.
- ¡es todo tan bonito! estoy fascinada con el paisaje, ¡algo nunca visto! además me veo como en mis mejores años ¿no es cierto?... ¿y a qué te dedicas ahora?
- yo sigo siendo un caminante, nada más.
- ¿estás de paso? no te entiendo, de verdad... ¿a dónde es que te diriges?, ya veo. ¿y si quieres regresar allá?
- simplemente ando vagando por ahí... ¿y tu, hacia dónde vas?, o acaso ¿vives acá?
- vamos hacia Leng de veraneo, con mi novio.
- interesante.
hablamos un rato corto. nos miramos una última vez. no vi amor en sus ojos. una pequeña sombra de amistad era lo único que quedaba.
cuando acabé mi trago rayaba la medianoche. no tardarían en pasar los heterónimos de Providence. Howard y Randolph conspirando. en este preciso momento acaban de cruzar por la acera del frente llevando algunos paquetes, voy tras ellos, continuaré con mi relato en otro momento, es una lástima suspenderlo justo aquí, en este punto, ´pero la cuestión lo amerita.
nos vemos pronto Toño,
abrazos
Le Gris.

P.D. te mando una linda postal de R'lyeh, para que me recuerdes.
28-xii-10k / 06-i-11k