sábado, 7 de agosto de 2010

Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. II)



¡Hola!

vuelve a manifestarse el señor Le Gris, esta vez por medio de una carta, escrita a fuego puro sobre una tabla pulida de un vetusto roble y que me fue entregada por correo certificado, firmada con su puño y letra. la dirección del remitente, una vez que el mensajero se esfumó con un sospechoso hedor a azufre, se desvaneció del sobre, así sin más.

bueno, yo estaba en mi salita, había abierto una botella de vino tinto y me disponía a seguir con las lecturas Pessoanas para la segunda parte del post en mis Hipertextos, pero no pude evitar la tentación de abrir tan extraño paquete firmado por el mismísimo Le Gris y enviado desde los avernos en un special delivery
y grabada con fuego empezaba así su corta pero sustanciosa epístola:



Los pequeños infiernos

"te escribo Antoine desde la barca de Caronte, mientras me tomo un manhatan en la quilla rumbo al polo sur, de verano a las montañas de la locura, acompañado por Randolph Carter y el descrestante Howard Phillips, con quienes conoceré las cálidas aguas de ese submundo antártico.


"he venido meditando en eso que algunos llaman los pequeños infiernos, que son bastante diferentes al concepto que tenemos de El Infierno, aquel palacio llamado Pandemonium, donde reposa Hades y su cohorte. los diminutos infiernos personales (que a veces no son ni tan pequeños), tan particulares, tan llenos de sentido para el que los padece, tan exóticos, lejanos e incomprensibles para los demás.


"son esos pequeños infiernos los que nos sacan de quicio, precisamente por su misma ridiculez. presiones que van aumentando poco a poco hasta hacerse insoportables, actitudes equivocadas y reiterativas que socavan todo nivel de paciencia, que terminan empujándote al abismo de la sin razón, pequeños infiernos lógicos y repletos de intolerancia, apeñuscados como un autobús de los de Rolandia en los que nadie se fija en el otro, en sus circunstancias en su maraña de situaciones insostenibles, porque el ajetreado deambular sólo da para preocuparte por lo tuyo.





"mientras grandes infiernos se suceden a nivel mundial y afectan a la masa en general (sequías inundaciones, plagas, guerras), los pequeños infiernos son cotidianos, se filtran, se mezclan en el quehacer diario y entonces la pequeña gran guerra estalla. se hace presente el psicópata francotirador, el asesino silencioso sin
modus operandi aparente, el tipazo que es un super gerente y se dedica en las noches a la pedofília, la secretaria eficiente y discreta que se convierte en una dominatrix cada fin de semana, el conductor salido de casillas que se desquita con los transeúntes, dándole duro al claxon, atropellando perros o asustando infantes. pandillas, raponazos, indiferencias displicencias, pequeños delitos e infames policías ineptos que apenas levantan media ceja y se encojen de hombros.


"todos esos pequeños infiernos que yo también viví, que tu también vivirás, porque no hay escapatoria, porque así está el mundo, se desvanecen en este viaje al Averno, los veo claros ahora, diáfanos reflejándose en las oscuras aguas apenas móviles del Estigio, y son para mi ridículos, pues han perdido su efecto, su poder sobre mi, simplemente porque no significan ya nada, ningún apego, ninguna frustración tiene razón de ser, ahora disfruto de mi viaje y rememoro mis pequeños infiernos con una sonrisa mientas un esbirro deforme recibe mi copa y con la orden de traer otro trago se aleja rengueando hacia las oscuras profundidades de la nave de Caronte, con quien he conversado mucho y muy ameno, ya proseguiré en otra carta a relatarte esos interesantes temas que hemos tratado mientras la nao vagabunda se enruta hacia el sur ilímite.




"estaré en contacto contigo dentro de poco,

"con cariño
"

Leo Le Gris


hasta aquí la epístola de Leo. aún conservo la tabula rasa de roble en una mesita de mi biblioteca, de noche brilla con un fulgor singular, fosforescente. y me pregunto en que aventuras estará Le Gris en estos momentos, acompañado de estos otros dos viajeros experimentados, Carter y H. P.
entonces me acerco a los estantes y entre libracos y libracos encuentro la novelita de las montañas de la locura me sirvo otro vino y comienzo a leer.

hasta pronto y nos vemos en los hipertextos.

Antoine Gerris

2 comentarios:

Nicolas Nautfal dijo...

jajajaja, yo siempre dije
que el poeta renace de las cenizas
porque ha estado en las montañas
de la locura y ha departido
con su otro yo en la otra ribera
del mismo estigio en el otro lado
del jardin el artista te devuelve
arte por tus blancas hojas de papel
llamale por cualquier nombre
y jamas perdera su escencia
de pretentder con cierta frecuencia
o mejor, siempre listo
para la llegada de
santa la inspiración

Leo Le Gris dijo...

el poeta, Le Gris en este caso se convierte en columna en estandarte de avanzada del género humano en landas donde apenas si se vislumbran luces que nos aclaren la oscuridad de la fosa craneana donde reposan la totalidad de los demonios que nos persiguen en esta vida y en las otras que nos faltan por vivir!

La Consigna

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"las grandes verdades se dicen en los vestíbulos" E. M. C.

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  • El hombre aproximativo - Triztán Tzara
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  • VARIACIONES ALREDOR DE NADA - LEÓN DE GREIFF
  • NOVA ET VETERA - LEÓN DE GREIFF
  • An American Prayer - James Douglas Morrison
  • Song To Myself - Walt Whitman
  • Las Hojas de Hypnos - René Char
  • Las Uvas de la Ira - René Char
  • La Balada de la Cárcel de Reading - Oscar Wilde
  • Howl - Allen Ginsberg
  • El Barco Ebrio - Arthur Rimbaud
  • El Cementerio Marino - Paul Válery
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  • La Extracción de la Piedra de la Locura - Alejandra Pizarnik
  • Las Flores del Mal - Carolus Baldelarius
  • Las Iluminaciones - Arthur Rimbaud
  • Las Úlceras de Adán - Héctor Rojas Herazo
  • Los Poetas Malditos - Paul Verlaine
  • Peleando a la Contra - Henry Chinaski
  • Poesias - Isidore Ducasse - Conde de Lautreamont
  • Poesía Impura - Iván Tubau
  • Una temporada en el Infierno - Arthur Rimbaud