domingo, 5 de septiembre de 2010

Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. VI)




bitácora de viaje
lugar: en algún punto allende los mares del sur(?)
dia: 37
hora: medianoche.



La visión del Archipiélago del Silencio

días y noches de aprendizaje ininterrumpido han sido estas últimas semanas querido Antoine.

Howard ha hechos esfuerzos ingentes para lograr que pueda"ver". lo mejor es que empieza a recoger los frutos de su testarudez. ayer por ejemplo, el barco atracó cerca a un extraño archipielago coralino, dos esbirros de Caronte nos condujeron en un desvencijado bote hasta la playa, que dicho sea de paso es la playa mas particular que haya visto en mi vida - o en mi muerte-. la arena era gris opaco, las palmeras se alzaban imponentes en una tonalidad parduzca como jamás creí que pudiera existir. el silencio reinaba y solo el rumor de las olas chocando contra la playa podía yo escuchar, ni un pájaro ni un grillo, nada, todo sumido en el más absoluto mutismo.




nos adentramos los dos por un sendero de piedra comenzada ya la tarde, la jungla era densa, y la luz se filtraba en pequeñas porciones, lo que le daba al paisaje un tono de terror y misterio, el silencio era ensordecedor, abrumadores helechos gigantes hacían pensar que las islas del archipiélago eran más antiguas de lo que cabría suponer. toda la vegetación parecía del cámbrico o del paleozoico y no me hubiese sorprendido atisbar algún saurio rondando por ahí.

Howard es un caminante tenaz, callado y con buen paso, blandía su machete abriéndose camino por entre la jungla, parecía en una especie de trance y por un momento dudé que fuese el mismo ermitaño de Providence que no salía de su cuarto. pero en esta alteridad cualquier cosa es posible. y no me sorprendería ya nada, o al menos eso pensaba, antes de toparnos con lo que Howard estaba buscando tan afanosamente.

en medio de la jungla, y solo para ojos de explorador aguzado, veíase una pirámide escalonada y los restos de una ciudad. el brillo de sus ojos cambió de repente y apresuró el paso, señalándome un punto en particular exclamó:

"allá debemos llegar antes de media noche. será ésta tu experiencia definitiva en el arte de "ver", la prueba de fuego para lo que vendrá después, una vez lleguemos a nuestro destino. por ahora, esa es At - Xitlán, la ciudad maldita de los Tolmecas, se dice que desapareció de la tierra hace miles de años junto con su población y que vino a parar a este archipiélago del silencio para que los hombres no escucharan jamás los lamentos de horror que brotan de sus entrañas todas las noches.




"estuve aquí antes, y Carter también al comienzo de sus aventuras oníricas, no recordaba los detalles pero en esta caminata todo se ha aclarado otra vez. ¿ves ese montículo sobre el altar de sacrificio? es ahi donde depositaban diariamente los antiguos habitantes su homenaje de sangre a Nyarlatothep, quien en uno de sus miles de avatares se aparecía en forma de serpiente emplumada el famoso Quetzacoatl maya, como lo remombrarían estos en su mitología. no es ningún mito, es real, estamos aquí, ahora todos los habitantes han enloquecido, son como zombies, se alimentan de un fango fétido que brota de las entrañas de la isla y que se deposita allá junto a la gran pirámide, ¿puedes verlo? realmente apesta".

Apresuramos la marcha, no se en que momento cayó la noche ni tampoco me percaté de las luces verdes fosforescentes que se encendieron en la ciudad, un rumor vago de tambores empezó a abrirse paso entre el silencio. yo no divisaba ningún habitante, ni tenia intenciones de hacerlo, pero ahora Howard Phillips aumentó su estado de alerta y casi sin previo aviso me tomó del brazo y nos desviamos del sendero para encontrarnos con una entrada oculta entre los matorrales.

"es un atajo que conduce directamente al altar del sacrificio" - me dijo-."debemos llegar ahí antes que el sumo sacerdote y ocultarnos. lo que debes hacer es "ver". y diciendo esto sacó el libro de su alforja y comenzó a recitar algo ininteligible, entonces la puerta circular de piedra se abrió y entramos al pasadizo. el hedor era impresionante, la atmósfera estaba atestada de ese horrendo olor a limo y algunos bajo relieves mostraban a lo largo de la galería, el tipo de ritual del que Howard me hablaba.



el ascenso fue dificultoso, la galería se estrechaba cada vez más, pero una vez llegamos, una pequeña bóveda apareció y una ventanita circular a la altura de la cabeza permitía observar una panorámica completa de la ciudad. no suponía yo que era directamente sobre nosotros que el ritual de sacrificio tendría lugar. Howard seguía recitando sus cábalas misteriosas y en un momento me dijo que me colocara exactamente al frente de la ventanita y que recordara lo que habiamos hablado en su camarote sobre el ver, las técnicas para respirar y mantener la mente calmada, el mantra que debia repetir, como debia enfocar, todo eso llegaba a mi desde la boca de Howard y desde más allá, como una retahila que alguien más me repitiera dentro de mi cabeza.

la visión era de un decandentismo impresionante, desde la ventanita circular veía como se reunían poco a poco millares de zombies refulgentes en la obscuridad del suelo de la jungla maldita. el sacerdote comenzaba a ascender por las escaleras de la pirámide y dos esbirros corpulentos llevaban en brazos a una chica joven (zombie desde luego) que en actitud de entrega parecía lista para dar su cuerpo como ofrenda. la multitud empezaba a emitir sonidos que podría decir que eran prehumanos, un mumullo que iba creciendo conforme se acercaban al altar. entonces howard me susurró de nuevo: "es tiempo ya, observa con atención en lontananza"

no se como hacía el para saberlo, si era yo el único que tenia la panorámica en exclusivo, pero su voz dejo entrever un eco de temor cuando acabó la frase. y obedeciendo a su orden agucé mi vista hacia el negro horizonte y de pronto una luz verde también empezó a acercarse, los zombies seguían en su terrible crezzendo gutural y el sacerdote estaba ya comenzando el ritual, la chica estaba atada a la mesa y con un puñal ritual el sacerdote hizo el primer tajo, entonces una hilera de sangre, o lo que parecía serlo, comenzó a brotar de su pecho. el líquido era del mismo tono que el limo y su olor era igual de apestoso. la luz crecía y ahora tomaba forma de serpiente o de dragón emplumado, era Quetzacoatl, o Niayarlothotep que viajaba desde los vórtices cósmicos para saciar su sed de sangre.

la figura del dios era impresionante, escalofriante, me faltó poco para gritar, pero logré contenerme, para bien nuestro. estaba "viendo" a un primordial a un dios antiguo. era el mismo Caos Idiota al que tenia al frente sobrevolando el altar dispuesto a engullir a la víctima adolescente. el paroxismo de los zombies llegaba al extremo, era atronador el aullido que emitían. entonces el dios emplumado se dirigió al sacerdote en una lengua incomprensible para mi. Howard me explicó después que era un idioma anterior al Naualt y que estos zombies conservaban como vetusto recuerdo de su anterior vida humana en la meseta de centroamérica antes de llegar a este archipiélago maldito.




el sacerdote hizo una danza, unos pasos macabros para finalmente elevar sus brazos ante Quetzacoalt y este, alargando una garra tomó a la chica y de su pecho una horrible ventosa se abrió y absorbió todo el liquido vital de su víctima, el cuerpo inerte cayó en medio de los zombies y estos se encargaron de no dejar ningún rastro en pocos segundos. el dios se dió vuelta, pronunció algo más, el sacerdote cayó de rodillas y la figura de Nayarlothothep se dirigió de regreso a su morada cósmica.

yo quedé petrificado. de una sola pieza. incapaz de moverme, fue Lovecraft quién con un empujón me sacó del trance, y haciéndome señas, me instó a descender de nuevo por el pasadizo,




caminamos en silencio, él traía consigo un par de objetos que encontró en la bóveda y su cara reflejaba una felicidad particular que no quise diluir con mis preguntas, ya habría tiempo para eso en la Barca de Caronte. yo no sé que cara traería, pero si se que debía reflejar una mezcla de pánico, de horror, de sorpresa y de consternación, por una parte y de confianza y seguridad en uno mismo, por el otro. tenía a plena seguridad que sería el primer testigo de cosas asombrosas, más aún de lo que acababa de presenciar. ya no recordaba bien mi muerte física y tampoco me importaba mucho, la verdad. si ese era el precio que debí pagar para experimentar esto, el precio había valido la pena. ahora estábamos en la playa gris, esperando Leo Le Gris y Howard Phillips Lovecraft -quien lo creyera- el bote que nos llevaría de regreso a nuestra morada flotante, para seguir en camino de la aventura.


4 comentarios:

Nicolas Nautfal dijo...

Una magnífica re-edición de la divina comedia, pero en virtud de una nueva aventura por los pasadizos del inframundo en que se encuentra el maestro del horror, verbigracia HP Lovecraft y otro muerto no menos exquisito como es Legray, "el zombie" que en su viaje por las regiones de ultratumba ahonda en los origenes de la labor poética, a saber: el rito sacrificial.

Antoine Gerris dijo...

cuántas veces no morimos a diario y trasegamos nuestras propias autopistas a los infiernos el del desamor, el averno del egoísmo, el infierno de nuestras propias limitaciones.

Las aventuras deste fantasma de Le Gris son un reflejo de esos infiernos, donde el horror cósmico se funde con el horror metafísico

HPL y Randolph Carter, son las guías, los ángeles de luz en medio de las tinieblas LeoGrisianas, a la manera de Dante

Reinventemos nuestra propia Divina Comedia que sea así mismo una comedia muy Humana.

Abrazos

Antoine

Pituco dijo...

Muy bueno Antoine! o Leo ya me perdi, donde estoy??? quien soy???

Leo Le Gris dijo...

Ud Pituco es un Capo, eso es lo que es! no importa q le tumben los links, ud es el maestro de los sonidos angélicos o infernales, y su bar era donde Leo en primer lugar y luego Antoine van a probar las mieles de las uvas y de los alambiques,que son mas bien escasos en la barca de Caronte!

saludos a todos los clientes de su bar, ya volveré por allá pa contarle mas anécdotas deste viaje desquiciado!!!

La Consigna

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"las grandes verdades se dicen en los vestíbulos" E. M. C.

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  • NOVA ET VETERA - LEÓN DE GREIFF
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  • Las Hojas de Hypnos - René Char
  • Las Uvas de la Ira - René Char
  • La Balada de la Cárcel de Reading - Oscar Wilde
  • Howl - Allen Ginsberg
  • El Barco Ebrio - Arthur Rimbaud
  • El Cementerio Marino - Paul Válery
  • El Pesa-Nervios - Antonin Artaud
  • El Testamento - Francois Villón
  • Ex Manifesto Rex - J. S. Solís C. y Luis F. Ruiz
  • La Extracción de la Piedra de la Locura - Alejandra Pizarnik
  • Las Flores del Mal - Carolus Baldelarius
  • Las Iluminaciones - Arthur Rimbaud
  • Las Úlceras de Adán - Héctor Rojas Herazo
  • Los Poetas Malditos - Paul Verlaine
  • Peleando a la Contra - Henry Chinaski
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  • Poesía Impura - Iván Tubau
  • Una temporada en el Infierno - Arthur Rimbaud