domingo, 8 de julio de 2007

A TRIP STORY

II



Es imposible explicar el comienzo de aquella euforia química, estábamos tomándonos un respiro, todos sentados en un costado de la montaña ante el abismo, junto a una serie de portentosos pinos, sobre la suave pinocha por la que se entreabrían hacia el cielo humildes plantitas de flores que por aquellos lugares llaman “besos de novia”, bello y colorido diseño que como todo lo natural fascina con su sencillez.
Contemplábamos los cuatro aquella cañada inundada de verdes, abundantes arbustos y densos matorrales se extendían en sus perfiladas laderas cortadas casi a pique, miles de aves cantaban alrededor, millones de insectos invisibles los habitaban y podíamos distinguirlos absolutamente a todos con nuestro sobre estimulado oído; fue entonces que cada uno se ensimismó y se produjo un cálido y prolongado silencio, aunque a lo mejor fueron tan sólo unos instantes pues, llegado este punto la sólida certeza en el paso de las horas había decaído por completo y es seguro que lo único que nos mantenía tranquilos era la luz que se colaba por entre las altas ramas de los vetustos pinos.
Mantuvimos el silencio que sirvió para ahondar aún más el mágico efecto que producía la violácea bebida, la cual disminuía ávidamente en sus envases; uno a uno nos dirigimos en diferentes direcciones a través del bosque, y al menos en mi caso, experimentaba un cúmulo de pensamientos–sensaciones, pensaba y sentía al mismo tiempo y con todo mi cuerpo y mis sentidos, a la vez que una euforia que aceleraba mi respiración haciéndola irregular comenzaba a invadirme desde la cabeza hasta los pies, pensaba y sentía en un delicioso estado de super–conciencia, o de ultra–conciencia.
Pensamientos verdaderos desbordaban en mi cabeza, yo era incapaz de retenerlos todos, pero justo antes que se esfumasen lograba tener entera certeza de ellos, eran una cascada y yo me encontraba justo al borde tratando inútilmente de retener el torrente con mi pequeño sombrero. Con una nueva aspiración volvía la aparente calma sólo para comenzar de nuevo en el momento de la exhalación o en el instante en que fijaba mi atención en cualquiera otro ser o en mi mismo.
Mis compañeros experimentaban un estado similar, podía verlos desde mi lugar; en una especie de silenciosa unanimidad nos dirigimos todos hacia un viejo pino que se hallaba en una esquina del bosque, justo donde el desfiladero se hacia más escarpado y mucho más denso el follaje. He ahí entonces el comienzo de la mejor euforia colectiva que jamás habíamos podido tener, aún cuando para dos de nosotros ésta no era la primera vez que experimentábamos con la medicina Moksha y habíamos vivido ya situaciones similares, si bien no tan extremas. La hilaridad nos abrazó como una vieja amiga a quien no se ve durante mucho tiempo y que arriba de sorpresa para contagiarse inmediatamente del ambiente inconfundible que se respira en pleno carnaval. Cada frase pronunciada, era como un fino retruécano que calaba en el fondo de nuestro humor, cualquiera incongruencia o torpeza en las acciones o los movimientos hacía estallar en cada uno la más grandiosa de las carcajadas, al punto que nuestros ojos se congestionaban de lágrimas, sufríamos de espasmos abdominales y era casi imposible contener los esfínteres. Pero así, sin más, la euforia decaía por unos instantes y creíamos sinceramente que todo volvía a la normalidad, pero esto era otra argucia, otro efecto más del extracto de Xiloxibe; el estado que he dado en llamar super–conciencia, permanecía en nosotros y nos dominaba, aun cuando no
expresáramos nada con palabras, podía notarse en la mirada, en las gesticulaciones, en los deliciosos silencios que se entretejían entre cada uno de nuestros accesos de júbilo.

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La Consigna

La Consigna

"las grandes verdades se dicen en los vestíbulos" E. M. C.

Desquisiada Poesía del Mundo

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  • Una Nube en pantalones y otros poemas - V. Maiakovski
  • 100 Poemas - Li Po
  • El hombre aproximativo - Triztán Tzara
  • El Spleen de París - Charles Baudelaire
  • Presencia Terrible (Take III) - Juan E.Domínguez, A. Teófilo Hernández, Martin Pinot Picabia
  • Soy Vertical - Pero preferiría ser Horizontal - Sylvia Plath
  • Los Ditirambos de Dionisio - Frederic Nietzsche
  • Pomes All Sizes - Jack Kerouac
  • La Caida de América - Allen Ginsberg
  • El Hundimiento del Titanic y otros poemas - Hans Magnus Erzemberguer
  • De Dónde son las Palabras - Luisa Futoranski
  • Palabras para Julia y otros Poemas - J. A. Goytisolo
  • VARIACIONES ALREDOR DE NADA - LEÓN DE GREIFF
  • NOVA ET VETERA - LEÓN DE GREIFF
  • An American Prayer - James Douglas Morrison
  • Song To Myself - Walt Whitman
  • Las Hojas de Hypnos - René Char
  • Las Uvas de la Ira - René Char
  • La Balada de la Cárcel de Reading - Oscar Wilde
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  • El Barco Ebrio - Arthur Rimbaud
  • El Cementerio Marino - Paul Válery
  • El Pesa-Nervios - Antonin Artaud
  • El Testamento - Francois Villón
  • Ex Manifesto Rex - J. S. Solís C. y Luis F. Ruiz
  • La Extracción de la Piedra de la Locura - Alejandra Pizarnik
  • Las Flores del Mal - Carolus Baldelarius
  • Las Iluminaciones - Arthur Rimbaud
  • Las Úlceras de Adán - Héctor Rojas Herazo
  • Los Poetas Malditos - Paul Verlaine
  • Peleando a la Contra - Henry Chinaski
  • Poesias - Isidore Ducasse - Conde de Lautreamont
  • Poesía Impura - Iván Tubau
  • Una temporada en el Infierno - Arthur Rimbaud