lunes, 4 de octubre de 2010

Crónicas desde la ribera del Estigio (pt. VIII)







Antoine Gerris Protevs

Takay Park 17302

Rolandia DC



Querido Antoine, espero que esta y mis próximas dos o tres crónicas te demuestren que para un soñador experimentado ningún misterio queda sin develarse y ninguna frontera esta velada, por más lejana y extraña que sea su naturaleza.

Ha aquí lo que sucedió el día del…


desembarco en R'lyeh

el Faro de la Desesperanza estaba ahora ante nosotros. una imponente estructura circular de piedra que se alzaba 50 o 60 metros sobre la roca en un extremo de la bahía y era el último vestigio de arquitectura basada en la geometría de Euclides. más allá de aquel faro se levantaba imponente la ciudad maldita de R'lyeh. hasta entonces yo no había contemplado cosa igual en la tierra, ninguna ciudad se le parecía y apenas podía asociar algunas imágenes de ruinas de ciudades sumergidas en Japón y en el mediterráneo con los extraños edificios que se difuminaban con la niebla. Las noches eran ahora mucho más largas y las horas de luz escasas, un océano de tiempo desolado, gris y cubierto de densas brumas perennes, habitado por seres fantásticos, era el que habíamos atravesado durante eones en la barca de Caronte, mundos de inefables maravillas y de indescriptibles paisajes bizarros eran tan sólo un recuerdo. La idea de la distancia y la velocidad carecían de toda importancia, sabía –porque lo sentía- que nunca antes había estado tan lejos de casa. yo procuraba anotar todo en mi bitácora de viaje y lo que no podía (o no debía) quedar escrito ha sido grabado en mi memoria con fuego.



atracamos en el puerto a medianoche y fue en mi camarote donde se dio el último encuentro entre los tres soñadores y el Barquero. Howard y Randolph emprenderían lo que ningún soñador había intentado antes (suponiendo que sus sueños lo hayan traído hasta estos confines): atravesarían la gélida meseta de Leng hasta llegar a las columnas de Baal, región devastada por terribles ventiscas y tormentas de arena, para seguir en búsqueda de la entrada a lo que la demonología cristiana llama el Pandemonium y que en otras esferas místicas se conoce como la morada del gran Yog – Sothoth. para esto, deberían aprovisionarse en R'lyeh y tendrían que valerse de la ayuda de algunos guías bien experimentados que los orientaran hasta cierto paso conocido como el Paso del Bloop, allende el cual ni siquiera los habitantes de esta ciudad maldita se atrevían a avanzar. los preparativos se tomarían algunos días y para evitarme la molestia de detallar los horrores que encontraría en esta ciudad, me propusieron pasar ese tiempo en la Barca de Caronte, mientras este despachaba su cargamento de almas y se reaprovisionaba de ogros y esbirros para el viaje de regreso hasta las riveras del Estigio.



¿qué podía hacer querido Antoine? era yo el testigo de sus aventuras oníricas y estaba yo mismo viviendo mi propia aventura. algo que jamás había imaginado en mi corta vida terrenal, me sucedía después de muerto (al menos eso creo, pues si algo he aprendido en este viaje terrible y maravilloso es que la línea que separa la vida de la muerte y la muerte del ensueño es muy delgada). mi espíritu errabundo había tropezado por no se qué jugarreta del destino con este par de soñadores y con un guía que lejos de asustarme me ha sorprendido gratamente. ¿me atrevería a descender a tierra firme y a explorar aquella ciudad alejándome de la seguridad de esta embarcación? ¿qué clase de horrores o de maravillas me esperaban en esas sinuosas calles, entre esos edificios insolentes e inverosímiles que apenas si podía distinguir entre la bruma? ¿éramos nosotros tres los únicos seres humanos que habían llegado hasta aquí? ¿hacia dónde llevaban el cargamento de almas que dejaba Caronte en este puerto lejanísimo? ¿qué significaba aquella música decadente y terrible que llegaba por oleadas hasta mi camarote? ¿estarían celebrando algún orgiástico ritual de sacrificio como el que tuve oportunidad de presenciar en el Archipiélago del Silencio? ¿dónde andaban y qué hacían Howard y Randolph ahora mismo? ¿por qué no dejaban que los acompañara en sus preparativos? estaba seguro que me ocultaban algo más. no podía creer que se dedicaran solamente a alistar todo lo pertinente a la futura expedición a Leng así sin más. algo estaban tramando ese par y yo estaba dispuesto a averiguarlo.

los días eran largos y tediosos, los esbirros de Caronte montaban guardia en la cubierta y no dejaban que nadie entrara o saliera de la embarcación. yo me dedicaba a escribir, a recapitular y a leer algunos de los cuentos de Lovecraft, que cargaba en una edición de bolsillo y que ahora cotejaba con algunos viejos pergaminos en los que se detallaba la ubicación de aquel paso hacia las columnas de Baal. así fue entonces que recordé dónde había escuchado ese nombre antes.

Bloop era el nombre que los científicos norteamericanos le dieron a un sonido de ultra baja frecuencia y de altísima potencia que había sido detectado en las profundidades del océano pacífico, cerca a Tahití (la isla sabia) por allá en 1997 y que no se sabía a ciencia cierta que o quién lo produjo. el misterio crecía más aún porque este sonido fue detectado por toda la red de micrófonos submarinos distantes entre si hasta 5000 kms el cual nunca se ha vuelto a detectar.

algunos más racionalistas hablaban de una especie de calamar gigante de las profundidades, otros de una especie desconocida de cachalote, pero ninguno dejaba claro cómo estaría conformado el aparato emisor del supuesto animal ni las consideraciones de proporción entre tamaño y peso del mismo para que pudiera producir con tanta potencia aquel misterioso sonido. algunos otros más arriesgados barajaban la posibilidad de que hubiese sido el mismo Cuthulhu quien lo hubiese provocado ya que las coordenadas coincidían casi a la perfección con la ubicación que Lovecraft dio de R'lyeh y que Lord Dunsany también consignó en sus memorias.



ese era el primer misterio que debía resolver, necesitaba saber a ciencia cierta el porqué del nombre de ese pasadizo y quien o que era lo que llamaban Bloop, por una parte. por otra, necesitaba explorar la ciudad para poder hacerme una idea de lo que era estar en una construcción como aquella y conocer un poco mejor a sus habitantes. Así que dispuesto a resolver estos dos enigmas decidí que debía escabullirme con el despacho del siguiente cargamento de almas a primera hora de la mañana y ocultarme en el puerto en algún punto en donde pudiera vigilar los movimientos de Carter y Lovecraft y así seguirlos a una distancia prudente. tenía la esperanza que ellos me darían ambas respuestas.

de lo que encontré divagando por la ciudad y de lo que descubrí sobre el misterio del Bloop es algo que te lo contaré en la siguiente crónica. te adelanto tan sólo que este viaje que yo creía a punto de terminar parece que se extenderá por un tiempo indeterminado aún. Me será un poco complicado hacerte llegar mis escritos, pero ya me las arreglaré para mantenerte informado.



Me pregunto cómo irás con tu ardua tarea de organizar todos esos regalos que haz estado recibiendo en mi domicilio y si intuyes ya qué es lo que debes hacer con ellos y para qué secreto propósito han llegado hasta tus manos.

chau Antoine, amigo y hermano, espero darte noticias mías muy pronto.

mantente alerta, hasta la próxima

Leo Le Gris

1 comentario:

marie augustine. dijo...

Ya los leí también, pequeñas joyas :)

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